Hoy fui consciente de como me alejé de una persona sin querer hacerlo. Me di cuenta de algo que hago que yo veo como autoprotección, pero que al final de cuentas es eso: alejo a las personas. Creo que ya me lo habían mencionado y de alguna forma también lo sabía, pero no sé cómo no hacerlo.
A la mínima sensación de rechazo o de desinterés se activan mis barreras. Quién sabe de cuanto me habré perdido por eso.
¿Cómo podré dejar de sentirme sola algún día si hago todo por continuar así? A veces creo que hasta le encuentro cierta comodidad a estar así. La realidad es que casi no me gusta convivir con grupos y salir mucho me agota con rapidez. Pero a la gente con la que logro hacer la mínima conexión la estimo mucho instantáneamente y disfruto mucho su compañía; compañía que no vuelvo a buscar por más que la desee.
Veo que mucha gente ha evolucionado en la forma en la que se relaciona con otras personas, yo voy de mal en peor y mis espinas son cada vez más grandes. Pero sigo sintiendo las cosas con la misma intensidad. Le tengo miedo a esa intensidad, es como si sintiera que cada que me acerco a alguien fuera lo mismo que acercar mi dedo a una flama y si me acerco de más, me quemo.
“Qué fácil callar, ser serena y objetiva con los seres que no me interesan verdaderamente, a cuyo amor o amistad no aspiro. Soy entonces calma, cautelosa, perfecta dueña de mí misma. Pero con los poquísimos seres que me interesan. Allí está la cuestión absurda: soy una convulsión.”
— Alejandra Pizarnik
sábado, 13 de diciembre de 2014
Soy una convulsión.
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