Un año y tres meses han pasado ya. Estrictamente hablando, podría permitirme decir que han pasado sólo 10.
Tres años desde que todo comenzó a fracturarse. 15 meses desde que todo comenzó a quebrarse. 13 desde que explotó todo y nada volvió a ser igual. 10 desde que cometí mi más grave error.
De mi parte, sólo se necesitó eso: un gran error.
Porque no importó todo el tiempo que me quedé ahí intentando sostenerlo. Perdonando. Siendo afectada por errores ajenos. A veces creo, que sólo ese error mío bastó para perderlo todo.
Escribo esto para mi yo del futuro. Estamos en enero del año 2018. Tú relación terminó en octubre del 2016, sin embargo tú no lograste pasar la página. No hasta enero del 2018.
Perdiste al amor de tus vidas. Así le llamabas. Perdiste tu centro, perdiste dirección y muchísima seguridad. Te diste cuenta de lo mucho que te dejaste a un lado por las ganas de que algo funcionara. Te diste cuenta también, de que probablemente ese exceso de ganas comenzó a arruinar todo. Aprendiste que el miedo, en cualquier presentación, puede terminar con la relación más pura y más hermosa.
El miedo.
El miedo terminó por volverte loca. El miedo sacó a la luz, una vez más, tu lado agresivo e impulsivo. Solías ser una persona mucho más racional. Ahora eres pura emoción y otras personas te califican de hipersensible.
Llevas una semana llorando todas las noches. Piensas que los últimos dos años, probablemente, has llorado más que en toda tu vida.
No te reconoces. Siempre fuiste insegura, pero no a este grado. Siempre fuiste indecisa, ahora sólo te quedas estancada, atrapada por ti misma.
Tienes tanto miedo a continuar tu vida sola. No terminas de entender que tienes más de un año sola. No terminas de entender que esta ya no es tu casa, ya ni siquiera eres bienvenida, pero no te vas.
Alguien más notó tu existencia. Una persona que te quiere de verdad y que sabe que necesitas que te lo recuerden constantemente, necesitas sentirlo constantemente, pues a veces no parece real. A veces no parece que sea a ti a quien alguien puede querer de esa manera. A veces no te sientes tú. A veces piensas que alguien más está en tu cuerpo mientras tú flotas y te observas desde fuera. Porque si fueras tú ¿qué es lo que alguien podría ver en ti?
Piensas que la inseguridad repele a las personas. Eso sólo te genera más ansiedad e inseguridad.
Dices no estar lista para nada más. Es verdad.
Por más calidez que pueda otra persona verter en ti, sigues sintiendo el pecho congelado, provocándote ese dolor general en el cuerpo. Moverse es doloroso. He intentado convencerte de que si no te mueves, empezarás a pudrirte. Empiezo a notar pequeños movimientos.
No te permitas caer aquí otra vez. Por favor.
viernes, 12 de enero de 2018
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