Últimamente le he estado dando demasiadas vueltas al asunto de hacer “justicia” por mi propia mano por la impotencia que siento al no ver que personas que han dañado a otros y a mí enfrenten ninguna consecuencia por sus acciones. He escuchado una y otra vez “no te preocupes, todo se regresa o se paga en esta vida”, pero seguir creyendo en ello después de tantas malas experiencias con otras personas me ha resultado muy difícil.
Finalmente estoy logrando tranquilizarme y efectivamente llegué a la conclusión (no sola) de que es absurdo seguir retorciéndome por dentro por cosas que no están bajo mi control. Lo que SÍ puedo controlar es lo que hago para crecer, mejorar y poder cambiar lo que me hace sentir incómoda conmigo misma. Aplicarlo me resulta extremadamente difícil, a veces doloroso, pero supongo que la cosa simplemente está en no rendirse a pesar de ese peso.
Uno de mis amigos, al expresarle que me sentía como una persona sumamente débil por no saber lidiar emocionalmente con muchas cosas, me recordó que la verdadera fortaleza está en no dejar que esas cosas que nos lastiman nos cambien internamente para mal y terminemos siendo tan horribles personas como aquellos que nos hicieron daño. Seguir siendo uno mismo y seguir buscando ser una mejor persona, requiere de mucha fortaleza.
Otra de mis amigas, al comentarle que ni siquiera es que le desee a esas personas un mal extraordinario, solamente quiero que reciban lo que se merecen, me respondió con una pregunta “¿me podrías decir tú qué es lo que merecen? ¿crees que si recibieran el mismo dolor que estás sintiendo sería equivalente a lo que merecen?” y esas preguntas lograron que volviera a poner mis pies en la tierra y volví a ser consciente de que ciertamente yo no soy nadie para decir qué o cuánto merece una persona para pagar su cuota por dañar a otros. Volvemos a lo mismo de esa necesidad de controlar cosas que no están en mis manos. Ahora sé que debo trabajar y aprender a cambiar eso.
martes, 14 de mayo de 2019
miércoles, 1 de mayo de 2019
Soy una convulsión II.
Ya no puedo darle forma a nada de lo que ocurre en mi cabeza. De repente me imagino que todas esas voces, que los medicamentos lograron silenciar o pasar a otro canal, están recuperando sus fuerzas para volver a tomar el control.
Antes tenía pensamientos bastante definidos dando vueltas en mi cabeza todo el día. Pensamientos autodestructivos, pensamientos de culpa, odio, reproches a mí misma. Casi ninguno pasaba desapercibido. Era muy agotador no tener ningún sólo día sin querer dejar de existir.
Después de un par de semanas de haber iniciado el tratamiento, un día desperté con la mente en blanco. Al principio tenía una sensación de vacío, como si sin toda esa basura dando vueltas en mi interior hubiera dejado de ser yo. Había aceptado toda esa basura como parte de mí y de mi personalidad. Con el tiempo comencé a aceptar que lo que esas voces me hacían creer no era yo. Después me empecé a sentir más ligera. Seguía sintiendo dolor porque estaba pasando por el proceso de un par de duelos, pero volví a creer que podría seguir adelante y que yo podría mejorar como persona y eventualmente sentirme mejor.
Me sentí bien por varios meses hasta que mi rutina y mi entorno comenzaron a cambiar.
Primero me mudé y todo lo que implicó la mudanza en mi cabeza, pareció ser el primer detonante. Sí, -en mi cabeza- porque una parte de mí sabía que realmente no era para tanto, generalmente nada lo es, pero nunca he sido buena lidiando con ningún tipo de cambio. Sé que en teoría son buenos, pero no me gustan, me cuesta tanto trabajo adaptarme a una situación que si esta misma vuelve a cambiar siento como si perdiera el control de todo, todo fuera demasiado frágil y yo estuviera a punto de resbalar. Aquí la ansiedad pasa a tomar el control.
Segundo detonante: Intentar adaptarme al nuevo entorno y lo desconocido. Fallar una y otra vez. Intentar aceptar lo nuevo como parte de mi nueva rutina y realidad.
Tercer detonante: Sensación de invasión e invalidación total de mi persona y mis sentimientos en el trabajo. Situación que terminó desenterrando una serie de viejos rencores, traumas e inseguridades.
Sólo se necesitó eso, sólo todo lo que sucedió en un mismo mes, para terminar de desestabilizarme de nuevo y terminar perdiendo el control frente a las personas menos adecuadas. Ja. Como si existieran personas adecuadas para eso.
Ahora me siento un fracaso porque permití que un solo mes difícil me hiciera perder el avance de meses. Siento muchas cosas, pero no puedo nombrarlas. Intento sacarlas, pero no parecen tener forma, sólo nada se siente bien, o estable, o seguro. Tengo tantas ganas de arrancar pedazos de mi cuerpo.
Lo peor de todo es que sigo alejando a las personas que más quisiera tener cerca, pero cada vez es más difícil sentirme segura al lado de alguien. Siempre parece más sencillo estar sola, en mi imaginación. Pero cuando realmente me siento ahí, existir deja de tener sentido otra vez.