viernes, 1 de octubre de 2010

Los últimos días siento todo, siento mucho. Y me gusta, porque no es lo normal en mi caso, desde hace algún tiempo lo normal es que no sepa si estoy sintiendo algo o no, o qué siento exactamente. No me salen las lágrimas por más que las desee, la única sensación constante y por lo tanto ya distinguible es ese agujerito negro que creo todo mundo conoce. Y el estar como desconectado o flotando, lo he repetido muchas veces. En inglés existe una palabra que creo que engloba todo eso: numb, pero en español no estoy segura de cual usar. En fin, así es por lo general. No los últimos días, por lo tanto me encanta, me hace volver a ser consciente de mi persona y de las posibilidades.
El problema es que entre todas esas emociones intensificadas obviamente existen las "negativas", no las veo de esa forma porque de alguna forma logran al final hacerme sentir bien, pero hay minutos como estos que siento como tortura, donde deseo que por favor ya termine, es demasiado. Ese agujero negro se convirtió en una aspiradora que me jala desde adentro aplastando todo con sus dientes inyectando ácido al mismo tiempo. Me siento mareada. Pero es mi culpa. No sé si algún día podré deshacerme de ella. Te extraño, te extraño, te extraño. Maldita sea, te extraño.

Ahora sé que si quiero llorar sólo tengo que decirte "hola".

 
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